Portugal 2016 – Aveiro y alrededores

Hasta hace pocos meses no teníamos conocimiento de la existencia de una ciudad portuguesa llamada Aveiro. Se nos apareció en los internets un día que buscábamos sitios interesantes en el norte de Portugal, y Aveiro estaba en algunos tops de esos que están tan de moda. Revisando un poco vimos que era un sitio con playa y que además era la “Venecia” portuguesa, así que poco a poco se convirtió en el eje central de nuestra aventura.

Después de mucha investigación vimos que hay cuatro sitios que llaman la atención en la zona de Aveiro, que son la ciudad antigua con sus canales, el barrio de Costa Nova, el faro de Barra, y por último las largas playas de arena fina. Con esto y con el presupuesto en mente, señor Booking nos dijo que nuestra mejor opción era el Hotel Santiago en Vagos, municipio limítrofe con Aveiro.

Tuvimos que hacernos los 530 Km que separan a Madrid de Aveiro en una sola sentada, así que luego de unas 7 horas de buenas autopistas, la llegada al hotel estuvo muy merecida. El Hotel Santiago nos pareció perfecto por el precio. No es un hotel de lujo, pero está lo suficientemente cerca de todo como para que sea una buena elección. Además, el personal es de lo mejor que hemos visto en nuestros años de viaje por Europa. Siempre están atentos a todo y siempre de manera muy amigable.

Como llegamos bastante tarde, del primer día no hay nada que contar sobre la zona. Para el segundo día decidimos pasar toda la tarde en la playa más cercana, en Praia da Vagueira. El sitio nos gustó mucho, y el clima más. Esto de viajar en septiembre tiene la gran ventaja para nosotros de que nos quitamos de encima el sofoco del verano que tanto daño nos hace.

Nos pasamos la tarde con el mar. Viéndolo y escuchándolo. Yo hice la prueba de meter los pies y estaba frío de verdad. El Atlántico Norte no es para débiles, así que mi contacto con el océano fue de una gran brevedad. Se disfruta mejor sin congelarse tontamente.

En el extremo sur de Praia Da Vagueira hay un bar muy atractivo, el “Casablanca”, aunque más por su ubicación que por el mismo bar. Estuvimos allí en la tarde y luego volvimos entrada la noche. La diferencia de temperatura cuando se va el sol se nota y mucho. Por la tarde en pantalones cortos, por la noche con botas y abrigo.

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El tercer día fue el designado para la actividad turística. Después de un gran desayuno en el hotel, cogimos la moto hasta el centro de Aveiro. Allí dejamos a la ballena bajo una palmera junto a un canal y nos dedicamos a recorrer el centro. Inevitablemente, la chica se encontró unos implementos de arte hechos en Portugal y no hubo forma de volver a Madrid sin ellos. Se trata de unos grafitos acuarelables, muy interesantes la verdad.

Visitar Aveiro y no subir en Moliceiro es como ir a Venecia y no subir en góndola, así que nos agenciamos nuestra ruta canalística de 45 minutos a 7€ por cabeza. Mi palabra para definir la ruta es “pintoresca”. Es una ciudad con colores muy alegres, caribeños para mi mente sudamericana. Lo que más llama la atención es el uso de los azulejos.

Según el guía del moliceiro, la razón por la que las fachadas de muchas casas están cubiertas de azulejos, es que anteriormente Aveiro vivía de la producción de sal. Por los canales se transportaba mucha sal, y con el viento esta golpeaba y afeaba las fachadas, así que el que tenía algo de dinero usaba el otro producto local, los azulejos, para proteger su fachada y de paso demostrar su nivel económico.

Después de la muy interesante ruta moliceira, y de otra hora perdiéndonos por las estrechas calles de la ciudad, cogimos moto nuevamente hasta Farol Da Barra, el faro que anuncia la entrada a la ría de Aveiro. El faro es nada más que un faro. Para los que se interesan por estas estructuras seguramente tenga algún valor, pero para nosotros fue más interesante el barrio que el faro. En la playa aledaña hay más vida que en Vagueira, seguramente por estar más cerca de la ciudad, y en la zona comercial incluso pudimos apreciar una presentación de música en vivo.

Luego de Farol Da Barra seguimos paralelos a las playas hacia Costa Nova. Costa Nova está a unos 5 Km del centro de Aveiro, y es mucho más interesante que el faro. Es un barrio en el que todas las casas están pintadas de rayas blancas y de colores. A mí me pareció un sitio precioso. A la chica sin embargo lo que más le gustó es que estaba lleno de gorriones, su pájaro favorito.

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El último objetivo de nuestra ruta del día era volver a Praia Da Vagueira a ver el atardecer. Para este plan volvimos a la zona aledaña al Casablanca, y nos deleitamos con uno de los atardeceres más memorables de los que hemos visto.

Con el éxito del atardecer dimos por concluida nuestra estadía en Aveiro. El cuarto día fue para disfrutar de otro gran desayuno y abandonar el Hotel Santiago rumbo a Braganza.

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