Perseidas en Cebreros y el Valle de Iruelas

Las perseidas son una lluvia de estrellas que se puede ver una vez al año cuando nuestro oblongo planeta pasa por la órbita de un cometa que se da su paseo completo alrededor del sol cada 133 años. La leyenda griega es que Zeus vio alguna doncella que no se dejaba conquistar entonces se convirtió en esa lluvia para poder impregnarla, y de ahí nace Perseo. Ese Zeus siempre tan galán.

Hablo de las perseidas porque para este fin de semana decidimos pasar la noche en un lugar alejado de las luces de la ciudad para ver mejor el espectáculo celestial. Nuestro amigo WeekenDesk nos propuso el hotel El Castrejón en Cebreros, Ávila y allí decidimos ir.

Este fin de semana lo hicimos un poco diferente. En vez de salir el sábado, decidimos salir el viernes por la tarde, justo después del trabajo. No fue nuestra mejor decisión porque tuvimos el sol de frente en la ruta a Cebreros, y entre eso y el calor la verdad es que la ruta no fue nada agradable. Agosto sigue siendo uno de nuestros mayores enemigos.

Al llegar al hotel tuvimos que ducharnos y luego dormir un poco, porque la verdad que al contrario de las placas solares, tener tanto sol encima nos deja vacíos de energía. Luego de la siesta salimos en la moto, un par de kilómetros fuera del pueblo, y nos ubicamos en un escampado a mirar las estrellas por un par de horas.

Es curioso esto de ver estrellas fugaces. Después de varios minutos en blanco, al empezar a pensar que el plan es un poco soso, resulta que pasan tres en pocos segundos y te queda la sonrisa de niño en juguetería. Luego vuelve a repetir: un rato en blanco seguido de dos o tres destellos. Al final fue muy bonito e incluso perdí la cuenta de cuántas estrellas fugaces vimos.

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Al día siguiente desayuno en el hotel, con la grata sorpresa de la sección “Sin gluten” que le viene muy bien a la chica, y luego a la moto de nuevo. Antes de volver a casa decidimos rutear un poco por el embalse del burguillo. Estuvimos en el parque natural Valle de Iruelas y en alguna parte de allí nos sentamos a comer, dibujar y hacer fotos. La zona es muy natural y muy agradable, y de no ser por el calor de verano probablemente nos habríamos quedado más tiempo. Otro sitio que nos queda pendiente de volver a visitar con temperaturas más benignas.

El regreso fue por las mismas vías que la ida: N-403 hasta San Martín de Valdeiglesias, y de allí la M-501 hasta la M-40 y el centro de Madrid. Nada especial pero lo suficientemente agradable como para quedar con ganas de más ruta, aunque preferiblemente con menos sol. Ya veremos que se nos ocurre para la próxima.

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