Buenos sitios, mala ruta

En la entrada anterior decía que, como pocas veces, todo había salido según lo planeado. Pues bien, la ruta de este domingo ha sido bastante contraria a los planes. Teníamos un objetivo bastante llamativo en la mira, el pueblo deshabitado de La Vereda, en Guadalajara. Lo que no sabíamos es que su acceso es mucho más complicado de lo que me había imaginado. Al final, el hecho de que esté deshabitado no es una casualidad.

Ver la ruta

La Vereda es lo que los expertos consideran el máximo exponente de la arquitectura negra. Esta arquitectura adquiere su nombre porque tiene la pizarra como material principal, dando a todas las construcciones de la zona un particular color oscuro. Es un tema interesante, y a quien desee saber más le recomiendo visitar la web oficial de la zona: www.pueblosarquitecturanegra.es.

Entrada sobre La Vereda
Entrada sobre Las Lagunas de Puebla de Beleña

Mientras miraba el Google Maps para definir la ruta que debía llevarnos a La Vereda, me encontré con un par de pequeños cuerpos de agua que se veían interesantes, y son Las Lagunas de Puebla de Beleña. Luego de buscar un poco más nos enteramos de que se trata de una pequeña zona protegida que utilizan las aves migratorias, supuestamente en todas las épocas del año. Lastimosamente nosotros no vimos un solo pájaro en nuestra visita.

Lagunas-23

Otro sitio que vimos, y que es de donde sale la ruta hacia La Vereda, es el embalse de El Vado. Wikipedia dice que es de los más pequeños de entre los que abastecen de agua a Madrid, y que le evacuan las aguas en el verano para hacer hueco a las aguas otoñales. Por lo seco que se veía me parece que tiene que ser cierto.

El camino a La Vereda es, sin lugar a dudas, la peor carretera por la que ha transitado La Ballena en sus cinco años de vida. Consiste de dos de las tres cosas que más nerviosa me ponen a la chica: caminos forestales y precipicios; o en Colombiano, carreteras destapadas y voladeros. Para echar sal en la herida, un señor que estaba en el embalse nos dijo “Si, La Vereda está aquí mismo, a un par de kilómetros”. Ahora que miro el mapa, en realidad son 10 km y casi una hora de camino.

Embalse-7

Para salir de La Vereda hemos decidido no mirar atrás y seguir hacia adelante. La carretera forestal esta se bifurca poco después de salir del pueblo, pero no hay ninguna señal de hacia donde va cada brazo. Por fortuna tenemos el GPS y bifurcando a la izquierda hemos salido del infierno de los caminos forestales, y tan solo nos ha costado otros 20 km y otra hora larga de recorrido. Esta vez afortunadamente no había despeñaderos.

Una vez en carreteras decentes, solo estuvimos un poco nerviosos por estar pendientes del indicador de gasolina, que avisaba que no le vendría mal una repostada. Desde Puebla de Beleña tenía yo en mente que había que parar en la siguiente gasolinera. Lo que no sabía era que por lo remoto de la zona, la siguiente estaba en Buitrago, a casi 90 kilómetros de las lagunas. Afortunadamente, y a pesar de los caminos forestales con su inevitable lentitud, La Ballena pudo llegar sin problemas hasta allí.

En Buitrago hicimos una corta parada para comer algo y para estirar las piernas. Desde aquí ya pensábamos que no habría más contratiempos y que solo hacía falta recorrer los 70 km de autovía hasta casa, pero, como no podía ser de otra forma, hizo su aparición el tercer elemento de los que ponen nerviosa a la chica: el viento. Hace mucho tiempo que no sentíamos ráfagas de viento laterales tan fuertes, y es normal que en moto generen estrés. Por fortuna, a pesar de ser un viaje incómodo, hemos logrado llegar a casa sanos y salvos, como siempre.

A La Vereda, por muy bonito que sea, me parece que no volveremos. Sin embargo, habrá que regresar en primavera a las lagunas, y habrá que hacer un mejor recorrido por la sierra de Ayllón y los pueblos de la arquitectura negra.

Entrada sobre La Vereda
Entrada sobre Las Lagunas de Puebla de Beleña

 

 

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