El Barco de Ávila

Después de dos años sin publicar prácticamente nada en este blog, por fin me he decidido a recuperar la vena cronista aprovechando la salida motera más reciente. Nos hemos obsequiado un fin de semana fuera de casa y el destino elegido ha sido El Barco de Ávila.

En teoría, había elegido un sitio para disfrutar de tranquilidad y buen tiempo, un sitio más fresco que Madrid. En la práctica, digamos que hemos cumplido los objetivos a medias. Es cierto que ha estado más fresco que Madrid, pero no es gran consuelo estar a más de 30 grados sin una miserable sombra a la vista. Por otra parte, el hotel elegido para disfrutar de tranquilidad ha sido todo un fiasco.

En cuanto a la ruta, hemos hecho la directa sin peajes hasta El Barco, sin desvíos. Mucha autovía pero con curvas agradables, y luego muchas rectas pero en una nacional que no está mal. Por esa parte quedamos muy contentos porque nos hacía falta volver a rodar unos cuantos cientos de kilómetros. 400 km en dos días apenas es para volver a coger algo de ritmo.

Sin embargo al llegar al hotel las cosas se han torcido un poco. Las previsiones del tiempo daban 24º de máxima así que no estábamos vestidos con la ropa adecuada para los +30º que tuvimos que soportar. Luego en el hotel había una boda así que las cuatro estrellas se han ido directamente al garete. El mayor incentivo al haber elegido el Hotel Real de Barco era la gran terraza con vistas al pueblo, castillo y sierra, pero con la boda no tuvimos acceso a ella en la hora guapa. La única opción que nos quedó fue pasar por la cafetería, donde no se les había ocurrido poner el aire hasta que lo pedí yo para no morir sofocado. Como veis no les va a gustar nada mi opinión en Booking.

La moto lo cura todo. Afortunadamente el puerto de Tornavacas está a unos 15 km de El Barco y fue de gran ayuda para bajarnos el malestar del hotel. Ver el atardecer en este sitio tiene mucho encanto.

La contracara es que ese mismo puerto al otro día en las horas de la mañana ya estaba como una caldera. Queríamos disfrutarlo más pero con tanto sol encima se nos hizo imposible. Pero bueno, no estuvo todo mal. La chica salvó la tarde en la ribera del Tormes haciendo unos cuantos dibujos del puente Román(t)ico de El Barco. A la sombra y con viento era incluso agradable el lugar.

Como ruta para inaugurar nuestra temporada 2015 no ha estado del todo mal. Como experiencia hotelera ha sido muy iluminadora. Desde ahora vamos a evitar las bodas como si fueran el mismísimo diablo.

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