Por Patones y El Atazar

El viernes hablando con unos amigos sobre sitios interesantes para conocer cercanos a Madrid surgió el nombre de Patones de Arriba, que siempre es uno de los pueblos que más se suelen recomendar. Yo ya tenía decidido que este finde era el indicado para retomar las rutas en moto y con esa sugerencia ya quedaba claro cual sería el destino.

Más tarde en casa mirando el Google Maps para planear la ruta vi lo cerca que esta el embalse del Atazar de Patones de Arriba y obviamente estando en la zona no podíamos dejar de verlo. Con esto ya la ruta estaba lista y solo quedaba hacer los preparativos para poder disfrutarla.


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La Ballena ahora mismo está sin alforjas debido a la pésima calidad de los soportes Spaan que les tenía y que al final se han roto por culpa del óxido así que hemos echado mano de la mochila sobre-depósito para empacar las cosas necesarias para la ruta. En nuestro caso se trata esencialmente de comida ya que hemos aprendido a base de malas experiencias que en los pueblos –e incluso en algunas ciudades- es imposible comer algo decente si eres vegetariano.

El plan original de la ruta incluía el paso por Guadalix de la Sierra y el embalse de Pedrezuela pero nos los hemos saltado ya que hemos salido mucho más tarde de lo previsto. Debido a la restricción del horario finalmente nos enfilamos por la A-1 hasta las salida 50 que es donde nos incorporamos a la N-320 hasta la M-102 y en esta hasta Patones en sí.

Cuenta la leyenda que en la guerra de la independencia contra los franceses, Patones de Arriba se salvó de ser vista debido a su situación geográfica. No es nada difícil de creer ya que hicimos como los franceses y nos pasamos el pueblo de largo y sin verlo. Al ver una carretera que se subía por la ladera de la montaña la seguimos unos 300 metros hasta darnos cuenta que era camino del canal y que no nos iba a llevar a ningún pueblo. En todo caso el desvío ha sido fructífero ya que de allá arriba hemos encontrado una vista privilegiada del valle del Jarama.

El pueblo en sí en una joya en piedra y enredaderas. No soy yo el mejor en esto de describir sitios inolvidables utilizando tan solo la inventiva de mis palabras y en estas situaciones doy gracias a la tecnología que siempre viene a mi rescate en forma de cámara fotográfica, y esta vez le hemos dado buen uso. Lo que si puedo decir es que el pueblito, con sus pasillos empedrados que siempre suben y bajan y prácticamente no tienen superficies planas, con sus casas que parecen hechas hace cientos de años pero cuidadas igual de bien que en el día de su construcción, y con su entorno en un enclave de piedra y montaña,  es definitivamente una gran experiencia que somos afortunados de haber vivido en carne propia.

Hay un apéndice a nuestra historia particular en Patones de Arriba que vamos a recordar por mucho tiempo y se trata de dos cachorros de gato. Paseando por las callejuelas, en un hueco de una pared de piedra Milena vio la cabeza de uno de los pequeñines. Nos acercamos para intentar sacarlo de allí y al ofrecerle comida salió de la nada el otro pequeñín, mucho más confiado y atrevido. Tanto es así que después de haberse comido y bebido lo que le dimos tuvo el descaro de quedarse dormido en el regazo de Milena.

Al ser gatitos tan jóvenes están muy a tiempo de ser domesticados y vivir con personas. Nosotros los recogimos con la intención de bajarlos a Madrid y darlos en adopción, pero la suerte estaba de nuestra parte ese día y en media hora ya el dueño del restaurante más cercano se había llevado uno y unas chicas dependientas del mismo sitio se llevaron el otro. Final feliz por todo lado.

Después de triunfar con los gatitos, llegaba la hora de abandonar a Patones de Arriba y poner rumbo a El Atazar. Según dicen los internets, Patones es parte de la comarca del Valle del Jarama mientras que El Atazar pertenece a la comarca del Valle del Lozoya, cosa que viendo el mapa no es esperada debido a la poca distancia entre los pueblos pero en la ruta se nota bastante pasando de uno a otro ya que hay que cruzar una sierra que divide ambos valles.

A mí me encantan los embalses. Me parece impresionante la capacidad de la ingeniería humana y me parece extraordinaria la belleza de los lagos, da casi igual si son artificiales o naturales. Mucha gente dice que le gustaría vivir junto al mar pero yo preferiría vivir al borde de un buen lago que esté rodeado de montañas.  El embalse del Atazar es un sitio de esos, y el pueblo de El Atazar visto desde el mirador al otro lado del lago parece dibujado para una caricatura tipo Heidi. En verano está bien aunque sufre un poco de la aridez típica de Castilla pero en invierno me da la impresión de que debe ser mucho más impactante.

Después de disfrutar de los miradores del embalse y de la ruta que lo bordea y que incluso pasa por encima del dique, ya no quedaba más tiempo que para regresar a casa por la vía directa, la A-1. Sin embrago hemos llegado a casa con un muy buen sabor de boca luego de un gran día y con muchas ganas de salir en breve a seguir conociendo esta tierra en la que vivimos.

El álbum de fotos completo está en Google+ aquí.

2 comentarios

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