El olvido

Esta mañana me he llevado una sorpresa al salir del portal porque lo primero que vi al salir fue mi moto. Ha sido una sorpresa porque mi rutina es salir de casa, caminar 5 minutos hasta el garaje y luego sacar a la ballena de allí. Eso de que ella me esté ya esperando impaciente en mi misma puerta no es normal.
Ha sido todo culpa de las disrupciones en mi rutina. Lo primero es que el miserable cacharro que se hace pasar por portátil que tengo estaba fallando de nuevo. Con eso ya tuve para estar un par de horas formateando y reinstalando. Después me he puesto a hacer algunas llamadas a Colombia y me olvidé por completo de que había dejado la moto afuera y que tenía que llevarla al garaje.
Es curioso comparar la actitud completamente despreocupada de anoche con la que tenía los primeros días que tuve la moto antes de conseguir garaje. En esos primeros días estaba tan paranoico que incluso pasé una noche entera despertándome cada 30 minutos solo para mirar por la ventana y asegurarme que la moto seguía allí abajo en la glorieta. Claro está que cuando eso no había analizado que hay pocos sitios menos prácticos de los cuales robarse una moto como la glorieta en la que vivo. Ahora lo único que podría preocuparme no es un posible robo sino que a algún ocioso le dé por joderme la moto, rayándola con unas llaves o moviéndole algún cable por ejemplo.
En fin, esta noche sí que la llevo al garaje.

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